Evaluar:

Saber algo no significa recibir pasivamente y memorizar nueva información; significa ser capaz de organizarla, interpretarla y utilizarla a la luz de los conocimientos y experiencias previas, la propia identidad y las necesidades personales; significa también procesar las ideas de diversas formas, de modo de construir niveles progresivamente mayores de comprensión y utilizar esta nueva información para revisar la propia comprensión del mundo. 
 
Si se parte de la base que el principal objetivo de la evaluación es mejorar la calidad de los aprendizajes de los alumnos, las prácticas tradicionales dificultan dicho objetivo, en cuanto se basan en un paradigma sobre el 
aprendizaje que se encuentra superado. Más que dar información sobre los avances de los alumnos y sus necesidades de apoyo pedagógico, las prácticas tradicionales de evaluación tienden a comparar los resultados de los estudiantes, distribuyéndolos en una escala de buenos, regulares y malos. Para ello, se evalúa a todos los alumnos al mismo tiempo y con el mismo instrumento, incurriendo en un falso concepto de equidad. 
 
En general, los procedimientos tradicionales de evaluación se caracterizan porque el profesor, después de haber enseñado una parte del programa, interroga a los alumnos oralmente o administra a toda la clase una prueba de lápiz y papel. En función de los resultados de las interrogaciones orales o de las pruebas, los alumnos reciben notas, consignadas en el libro de clases o en una libreta, las que, eventualmente, son comunicadas a sus padres. Al final del bimestre, semestre o del año, se hace una síntesis de las notas bajo la forma de un promedio, el cual contribuye a las decisiones finales relacionadas con promoción, repitencia o recomendación de cambio de establecimiento La propuesta de un sistema de Autoevaluación continuo responde a este cambio de paradigma dado que se centra en un alumno real, considera sus diferencias, lo ubica en su propio contexto y lo enfrenta a situaciones de aprendizaje significativas y complejas, tanto a nivel individual como grupal.

Este desafío refuerza en los alumnos la onstrucción de competencias de alto nivel, dada la evidencia de que lo que se evalúa se convierte en forma automática en el estándar de lo que se espera que ellos sepan. Así mismo está orientada  a desarrollar una cultura de la evaluación para el mejoramiento de los procesos de gestión institucional. 
 
Se requiere continuar con el fortalecimiento de las competencias comunicativas de los educadores, a partir de la actualización en elaboración y resolución de ítems en las áreas del núcleo, aprovechando los avances de la tecnologías de la información y la comunicación y el espacio virtual en la página Web de la Gobernación para el fortalecimiento didáctico de las áreas y acompañamiento curricular a los estudiantes; sistematizar y preparar informes donde se analicen los resultados de las pruebas externas y contrastarlos con los resultados de las evaluaciones internas y con base en ellos formular los planes de mejoramiento definiendo metas de producto en cada una de las áreas. 
 
La ley general de educación colombiana (Ley 115 de 1994) en su capítulo 3, artículo 80 bajo la intermediación del ICFES y los resultados obtenidos en dichas pruebas han motivado a las entidades territoriales a buscar 
una mejor suficiencia en las pruebas internacionales y nacionales, a partir de la promoción de diferentes estrategias como la publicación periódica de los resultados en las pruebas nacionales con fines informativos y  
comparativos, así como el ofrecimiento a la comunidad escolar de las pruebas ICFES interactivas, una herramienta evaluativa en línea. 
 
Hacia el año de 2009, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) presentó el decreto 1290, el cual reglamenta la evaluación del aprendizaje y promoción de los estudiantes de los niveles de educación básica y 
media. En este decreto, se entiende la evaluación de los aprendizajes como “el proceso permanente y objetivo para valorar el nivel de desempeño de los estudiantes” y como un proceso que se realiza en los ámbitos internacional, nacional e institucional. Asimismo, contempla entre los propósitos de la evaluación institucional de los estudiantes: 
 
  • Identificar las características personales, intereses, ritmos de desarrollo y estilos de aprendizaje del estudiante para valorar sus avances. 
  • Proporcionar información básica para consolidar o reorientar los procesos educativos relacionados con el desarrollo integral del estudiante. 
  • Suministrar información que permita implementar estrategias pedagógicas para apoyar a los estudiantes que presenten debilidades y desempeños superiores en su proceso formativo. 
  • Determinar la promoción de estudiantes. 
  • Aportar información para el ajuste e implementación del plan de mejoramiento institucional.